Por Daniel Di Martino y Stu Smith
El Departamento de Estado publicó un informe demoledor que documenta las nefastas actividades del régimen comunista cubano en Estados Unidos.
Entre las revelaciones: Cuba ha estado entrenando a más de 10.000 activistas estadounidenses de izquierda y financiando la disidencia en este país. Tienen la capacidad de organizar manifestaciones disruptivas en la mayoría de las bases militares y centros de inmigración con tan solo un día de antelación.
La coincidencia es inquietante. Precisamente este martes, otro ataque terrorista contra el ICE tuvo lugar en Manhattan cuando un exsoldado del ejército estadounidense prendió fuego a gasolina frente a la oficina de la agencia en Nueva York. Este pirómano no está oficialmente vinculado a Cuba, pero su violento ataque de izquierda es precisamente el tipo de atentado que Cuba está gestando en Estados Unidos.
Durante décadas, los viajes a Cuba han servido como rito de iniciación para algunos de los activistas estadounidenses más comprometidos. Extremistas atraídos por movimientos revolucionarios y causas radicales visitan el país para aprender del régimen. En sus inicios, la Brigada Venceremos llevó estudiantes estadounidenses a Cuba para que se familiarizaran con sus grupos políticos. Algunos de sus primeros visitantes utilizaron posteriormente lo aprendido para liderar el Weather Underground.
La “brigadista” Calla Walsh fue copresidenta de la Red Nacional sobre Cuba antes de convertirse en portavoz del régimen iraní. El año pasado proclamó “Muerte a Estados Unidos” en Teherán.
La exbrigadier de Venceremos, Karen Bass, logró ser elegida alcaldesa de la segunda ciudad más grande de Estados Unidos. Ha impulsado causas favorables al régimen cubano, como el levantamiento de las sanciones contra el régimen comunista. Tras la muerte del tirano cubano Fidel Castro, lo lloró como «Comandante en Jefe».
La lista continúa: Isra Hirsi, hija de la congresista Ilhan Omar (demócrata por Minnesota), viajó a La Habana en marzo. Agradeció al Foro Popular por organizar el viaje, a pesar de la preocupación de que la organización pudiera ser un brazo propagandístico del Partido Comunista Chino. El Foro Popular niega cualquier irregularidad.
Algunos agentes cubanos no son tan abiertamente revolucionarios y trabajan a través de canales políticos y profesionales más convencionales, incluidas instituciones sin ánimo de lucro y organizaciones políticas como los Socialistas Democráticos de América.
Desde 2019, la DSA ha ampliado su activismo relacionado con Cuba. El partido intensificó este compromiso durante el segundo mandato de Trump.
La DSA envió a La Habana a 40 miembros de base y dirigentes. Allí se reunieron con funcionarios comunistas, entre ellos el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Cosío Domínguez. La DSA también participó en el viaje que llevó a Hirsi y al streamer de extrema izquierda Hasan Piker —quien recientemente calificó a Mao Zedong como “uno de los grandes líderes del mundo”— a Cuba.
Afortunadamente, la administración Trump ha intensificado sus esfuerzos contra la red de influencia comunista en Estados Unidos. Un tribunal federal está investigando al multimillonario de extrema izquierda Neville Roy Singham, radicado en China y principal financiador de la red sin fines de lucro que apoya actividades comunistas.
Además del Foro Popular, Singham es un importante colaborador de Code Pink. Su esposa, Jodie Evans, es cofundadora. Entre sus líderes se encuentran algunos de los activistas pro-Cuba más destacados del país, como Medea Benjamín, Claudia De la Cruz y Vivien Lesnik Weisman. Según informes, un gran jurado está investigando si las actividades de Singham pudieron haber violado la Ley de Registro de Agentes Extranjeros. (Singham no ha sido acusado de ningún delito y ha negado actuar en nombre del gobierno chino).
El Departamento de Justicia también solicita la extradición de otro financiero de extrema izquierda, James “Fergie” Chambers, quien reside en España. (Él ha negado haber cometido delito alguno).
Pero aún queda mucho por hacer para desmantelar estas operaciones y redes militantes. Un buen punto de partida: el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes puede citar a declarar a todas las personas y organizaciones identificadas en el informe del Departamento de Estado sobre Cuba. Su testimonio sin duda comenzaría a desenmascarar a estos actores nefastos antes de posibles procesos judiciales. Y mostraría al pueblo estadounidense el alcance de la influencia cubana.
La administración Trump también debería investigar el estatus de organización sin fines de lucro de grupos 501(c)3 como People's Forum, Code Pink, ANSWER Coalition e incluso los propios brazos sin fines de lucro de la DSA, como el DSA Fund.
El Departamento de Justicia y el Departamento del Tesoro deberían hacer cumplir al máximo las sanciones existentes contra Cuba, Venezuela y otros regímenes de extrema izquierda, castigando a quienes las violen recibiendo pagos de esos regímenes o trabajando para ellos.
Finalmente, para exponer la influencia de tiranos extranjeros, el Congreso debería aprobar una ley que obligue a todas las organizaciones sin fines de lucro a revelar cualquier donación importante realizada por un ciudadano extranjero o proveniente de fondos de origen extranjero.
Para los miembros de la DSA y sus simpatizantes es fácil canalizar dinero a causas antiestadounidenses. Para el alcalde Mamdani es fácil guardar silencio cuando la DSA apoya al régimen cubano. Para la representante Omar es fácil culpar a Estados Unidos del colapso socialista de Cuba. Para la representante Pramila Jayapal (demócrata por Washington) es fácil mentir y elogiar el deficiente sistema de salud cubano tras reunirse con el dictador del país. Pero no es fácil ser cubano y sufrir apagones, escasez de agua y alimentos a causa del socialismo.
A principios de esta semana, el tirano cubano Miguel Díaz-Canel afirmó que «una nueva y más peligrosa versión del macartismo ha regresado a Estados Unidos». No nos engañemos: si el gobierno estadounidense no actúa, se avecina una ola de terrorismo de extrema izquierda. No debemos escatimar esfuerzos para proteger la libertad y el estilo de vida de Estados Unidos del comunismo y el socialismo. El anticomunismo ha regresado, y Cuba es el próximo objetivo.
Daniel Di Martino ( @DanielDiMartino ) es investigador asociado del Manhattan Institute. Stu Smith ( @thestustustudio ) es analista de investigación en City Journal, una publicación del Manhattan Institute.

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